El avistaje de ballenasA partir del mes de mayo y hasta el mes de diciembre, las ballenas llegan a las costas del Golfo Nuevo. Eligen la tranquilidad de estas aguas para copular, parir y luego criar a sus ballenatos.
Nuestra empresa le ofrece vivir una experiencia difícil de olvidar: observar a las ballenas en su hábitat natural, porque la protección y conservación de estos cetáceos es nuestra prioridad.
En la terminal de Punta Ballenas, en Puerto Pirámides, lo estaremos esperando para navegar en una de nuestras embarcaciones. Una vez a bordo, usted podrá dedicarse a disfrutar con tranquilidad del paisaje marítimo, ya que hemos desarrollado técnicas operativas y de seguridad, tanto para el pasajero como para las ballenas. Mientras navega, un guía ballenero especializado y bilingüe le explicará las costumbres y las características de este gigante del mar.
Antes de abordar nuestra embarcación, usted será provisto de una capa impermeable y un chaleco salvavidas.
Una vez a bordo de la lancha, nos adentraremos en las cristalinas aguas del Golfo Nuevo, en busca de ejemplares de Ballena Franca Austral.
Durante la navegación, un guía altamente especializado le informará acerca de las características y las costumbres de este coloso que visita las costas patagónicas.
Después, solo quedará disfrutar de la aparición de las ballenas, sus movimientos, los coletazos, la expulsión del aire de sus pulmones, los saltos: un espectáculo natural e improvisado que lo hará sentirse cerca de la vida en el mar.
Para comprender la historia de los avistajes de ballenas, es necesario comparar los datos pasados con los actuales.
Los primeros avistajes comerciales se iniciaron en el año 1971. Entonces, se navegaba en lanchas muy pequeñas, con una capacidad máxima de 8 pasajeros. Debido a esto, las condiciones climáticas debían de ser óptimas. En cambio hoy, las embarcaciones cuentan con capacidad para 70 personas.
Antiguamente no llegaban tantas ballenas como ahora y el avistaje se limitaba solamente a los meses de octubre y noviembre. En la actualidad, esta actividad se desarrolla durante 8 meses al año.
Al comienzo, el total de personas que realizaban avistajes estaba formado por un 90% de extranjeros. Hoy se ha acrecentado notablemente la cantidad de argentinos. Esto se debe a una mayor conciencia ecológica y naturalista y al aumento de contingentes de estudiantes que realizan viajes de estudios.
La Península Valdés es uno de los pocos lugares en el mundo en donde se puede ver a esta especie en su hábitat natural. La Eubaleana australis es un mamífero adaptado al medio marino. Su cuerpo es curvado y no posee aleta dorsal. Las hembras adultas llegan a medir 13 m. y los machos algo menos. Los ejemplares adultos pueden pesar entre 30 y 40 toneladas.
En la boca, las barbas córneas reemplazan a los dientes y sirven de filtro para retener el Krill, principal alimento de este cetáceo.
Una de las características exclusivas de esta especie, es la presencia de callosidades distribuídas en la parte superior y costados de la cabeza; habitadas por gran cantidad de crustáceos, de coloración blanca y utilizadas por los investigadores, a manera de huellas dactilares, para identificar a cada ejemplar.
La piel de la ballena es lisa, elástica y de color negro. Debajo de la epidermis, una gruesa capa de grasa la protege de las bajas temperaturas de los mares australes.
Estos cetáceos arriban entre junio y noviembre, y entre octubre y noviembre se concentra la mayor cantidad de especímenes.
Encuentran aquí el medio propicio para aparearse, parir y criar a los ballenatos. La gestación dura 12 meses y, por igual período de tiempo, la hembra amamanta a la cría o ballenato, que en el momento de nacer mide 5,5 m.
A pesar de la fuerte unión entre madre y cría, las ballenas no forman grupos familiares estables. En la época de apreamiento varios machos compiten por una hembra.
La ballena franca o “right whale” debe su nombre a que es sumamente dócil y lenta, característica que ha hecho que sus cazadores la consideraran la ballena más “francamente” ideal para matar.
Debido a la caza de ballenas, esta especie, que llegó a contar con una población de 300.000 ejemplares en el siglo XVII, apenas alcanza en la actualidad los 4.000. A partir de su protección, la población ha comenzado a crecer con una tasa del 7% anual.